viernes, 25 de marzo de 2011

Del tamaño de las empresas y la inversión

Según la teoría económica, el tamaño de las firmas es determinado por los costos de transacción ‘ex post’. Explicándolo mejor, una empresa se extiende hasta el punto en el cual puede contrarrestar el oportunismo y la poca productividad de un trabajador (puede sobrellevar los costos de negociación, vigilancia, y de exigencia por el cumplimiento de contratos con una estructura de mando jerárquico vertical). Cuando esto último no es posible, es decir cuando la firma no puede controlar su periferia, la teoría afirma que surgen otras firmas que se encargan de dichos costos de transacción. 

Esto de cierta forma ayuda a explicar el porqué de la mala fama de muchas empresas de carácter público, las cuales son utilizadas para pagar favores políticos y se llenan de burocracia que no puede ser controlada. Por lo tanto se hacen ineficientes. (Soy de los que piensa que el problema de estas empresas no es tanto por su concepción sino más bien por el tipo de personas que llegan a manejarlas, desechando los conceptos de muchos analistas que dicen que las empresas públicas por si solas son ineficientes y por eso hay que privatizarlas).

Ahora bien, contextualizando en términos del mercado, el motor que impulsa el crecimiento de una firma es el flujo de efectivo, que es determinado por el volumen de ventas y la deducción de costos operativos, financieros y fiscales. Juntando conceptos, entonces una empresa crece en la medida que sus actividades generan un volumen de ingresos (ya sea por las ventas en sí o por la cantidad de inversión que atrae) que permiten la adquisición de nuevos activos y la creación de una estructura de gobierno que lo pueda manejar y determinar su utilización en caso de contingencias futuras (nuevas negociaciones).

Así pues, la fuerza que mueve el sistema es el volumen de ingresos generados y el nivel de inversión que esto atrae. Por eso, en la mayoría de los países latinoamericanos las empresas locales más grandes (sin importar el carácter de su capital) son aquellas ubicadas:  
  • en el sector de alimentos y bebidas (incluyendo los niveles de distribución y comercialización) pues sin importar el nivel interno de bajos ingresos, todos necesitamos alimentarnos y tener ratos de ocio, y además son productos que tienen mercado en otros países;
  • en el sector energético y de servicios públicos pues la población debe pagar para tener estas comodidades;
  • en el sector minero, dado que tiene un gran volumen de ventas a nivel externo y una poca intensidad de mano de obra, que facilita un sistema de mando caracterizado por un alto nivel de capital humano (personas muy preparadas y que por ende son menos riesgosas en cuestiones de oportunismo y productividad);
  • en el sector de de las telecomunicaciones y el transporte ya que facilita la vida de las personas (mediante la facilidad de obtener información o de desplazarse de un punto a otro), y además sus bienes y servicios otorgan algo de prestigio a los consumidores (el ostentar por ejemplo un celular de última generación con o sin un plan jugoso de minutos, un servicio de televisión satelital, un vehículo, o a la larga el conocimiento facilitado por las tecnologías de la información y las comunicaciones, es lo que impulsa el muchos de los casos el carácter consumidor). Por otra parte es un sector que obtiene grandes ingresos por conceptos de publicidad para los subsectores de la radio, televisión, y prensa escrita;
  • y el sector financiero, que aprovecha sus márgenes de captación y colocación, y las comisiones cobradas, para obtener millonarios ingresos a costa de las actividades nombradas anteriormente.
Si se nota, todos estos sectores tienen un hecho en común: se genera dentro de ellos un gran volumen de ingresos que les da vía libre a las empresas para crecer más allá de sus periferias con la apertura de nuevas unidades (que poseen una estructura de mando independiente la cual le rinde cuentas a la casa matriz). Y esto es porque cuentan con la infraestructura adecuada para operar y un nicho de consumo fijo.

Para que existan empresas locales grandes en otros sectores, sobre todo en aquellos manufactureros que jalonan el desarrollo, es necesario primero que las condiciones impulso al desarrollo tecnológico, de infraestructura logística, y de nivel de ingresos por persona cambien para generar el escenario propicio para producir y vender los productos.

Es por eso, que la mayoría de inversión extranjera se sitúa en los sectores antes mencionados, (más que todo capitalizando empresas ya constituidas, o entrando a competir en el mercado) pues en ellos ven las ventajas para crecer y seguir monopolizando los nuevos mercados en los que se adentran.