Según Benjamin Graham, economista y profesor influyente en la academia de negocios norteamericana de mitad del siglo XX (autor del Best Seller “El inversor inteligente”), una decisión sabia de inversión es aquella que está determinada por un análisis meticuloso de los estados financieros de una compañía y del contexto en el cual se desenvuelve. En este sentido, hizo una distinción entre los conceptos de inversión y especulación, pues toda operación que no garantice un retorno satisfactorio de la inversión es netamente especulativa.
Igualmente, señalaba al mercado como un ser caprichoso que todos los días toca la puerta del inversionista ofreciéndole un precio diferente, y al inversor inteligente como aquel que se aprovecha de esta loca actuación del mercado y no participa en ella. En otras palabras, el inversor inteligente es quien se preocupa más en el desempeño real del la compañía y los dividendos que paga, que en la conducta irracional del mercado. Es también un analista de largo plazo pues los réditos de su inversión no se ven a la velocidad que se mueve el mercado, es decir hoy o mañana, sino en unos cuantos años.
Obviamente, estos planteamientos (cómo todo en la economía) han sido criticados por nuevas corrientes que señalan que es muy difícil ser más inteligente que el mercado –pues no se cuenta con la información completa para lograrlo-. No obstante, esta filosofía de Graham le ha servido a muchos para convertirse en multimillonarios dentro del mercado de valores. Un ejemplo puntual de esto es Warren Buffet, valorado por las revistas financieras como el tercer hombre más rico del mundo.
Ahora bien, sea cual sea la corriente, lo cierto es que los caprichos del mercado son latentes y son guiados por agentes especuladores. Por supuesto, varios de ellos (Bancos de inversión, fondo de pensiones, firmas corredoras) también han logrado amasar grandes fortunas por el éxito en sus predicciones (unos usando su poder de influencia para crear el contexto deseado, otros usando técnicas de análisis bursátil ), y por las comisiones cobradas a personas que no conocen mucho del mundo financiero y quieren poner a producir su dinero. (Sin embargo, estas personas que entregan su dinero a corredores bursátiles nunca se harán ricas mientras no influyan en la determinación de inversión de la firma intermediaria).
No obstante, no hay que olvidar, que estos agentes fueron los que contribuyeron a darle rienda suelta a una burbuja especulativa en los Estados Unidos (todo el público contagiado, feliz participando en las locuras del mercado: inflando precios, comprando, endeudándose, invirtiendo sin considerar el contexto) que detonó la actual crisis financiera mundial. Y la pregunta es, ¿donde estuvieron los economistas ya que no lograron predecir este desenlace? Ellos también tuvieron en parte responsabilidad pues sus simples análisis de contexto de cierta forma legitimaban la burbuja especulativa.
Y entonces la respuesta es fácil, estaban, y todavía hay muchos que lo están, ensimismados en sus fantasías, y anestesiados por el sistema que les beneficia. Y esto lo digo pues, para analizar la realidad, la gran mayoría de economistas se basa en supuestos muy limitados. Y entonces se adentran a investigar temas irrelevantes que por el sentido común son evidentes y para adornarse crean modelos econométricos con múltiples ajustes para que les dé lo que quieren que les dé. No buscan ver más allá de sus narices, y es porque varios de ellos tampoco conocen a fondo el mundo financiero, aunque lo aparentan hablando de la manera más docta, ya que lo consideran un tema fácil, algo que no demanda mucho esfuerzo.
Se olvidan que la realidad dicta otra cosa, que las dinámicas son más complejas y que para tener criterios más sólidos es preciso entrar a analizarla tratando de cubrir la mayoría de sus aristas, como algoritmos en donde se plantean diversas situaciones: “si, entonces”; “si no, entonces”; “si, y, entonces”; “no, y, entonces”; “Fin”… Tal cual como lo hacían los economistas de vieja data, como lo hacía Graham, como lo hizo Marx cuando escribió el Capital, como lo hicieron muchos. Haciendo análisis meticulosos y conscientes de la realidad. No con un simple digo esto y punto porque soy el más sabio, o porque mis curvas y mi tabla de análisis de regresión con supuestos limitados me lo dicen y ya. Por eso hoy en día, ante la crisis actual, muchos se devuelven a leer a estos pensadores económicos que se apoyaron más en los pasajes de su época para dar apreciaciones lógicas.
Y esta dura apreciación la hago, pues siendo economista, hoy en día encuentro a varios, llámense neoclásicos, que con sus análisis apoyan la especulación. Viven del día a día, del corto plazo, “que la muerte de Bin Laden va a revaluar el dólar en el mediano plazo”, “que dicho suceso va a aumentar el precio del petróleo y por esa vía el de las materias primas (commodities)”, sin explicar a fondo cómo y por qué, cuál es la relación, y si realmente es tan determinante. Con esta poca información ayudan a los intermediarios a hacer su agosto con divisas y derivados financieros. Y muchos inversionistas inexpertos perderán si los dólares comprados no aumentan su precio en el tiempo que ellos demandan para tener rentabilidad, o si los precios de las materias primas, en el momento de ejercicio del título derivado, se presentan a un tope que no favorece al propietario por estar lejos de lo predicho inicialmente.
Y si se fijan bien, el contexto mundial configura otro escenario, en el cual es difícil de predecir el futuro para un corto o mediano plazo, y en el cual hacer afirmaciones categóricas puede ser irresponsable:
- El precio del dólar no va a subir hasta que los Estados Unidos no deje de financiar su crisis emitiendo dinero, no deje de financiar su seguridad nacional, sus guerras contra el terrorismo, hasta que nuestros países no impongan controles fuertes a la entrada de divisas. La dinámica de oferta y la demanda es lo único que determina el precio en el mediano y largo plazo;
- Por otro lado, el precio del petróleo no subió repentinamente porque mataron a Bin Laden. Este viene subiendo desde el 2008 dada la creciente demanda impulsada por los países emergentes, que supera la actual oferta de la OPEP (la cual gana controlando dicha oferta), mucho más aún cuando las revueltas populares de los últimos meses en los países árabes (que poco tienen que ver con Al Qaeda) y la intervención de la OTAN en Libia han frenado la producción del crudo en algunas plantas. En otras palabras, la muerte de Bin Laden no va a aumentar la tasa de crecimiento del precio en el largo plazo: no es un punto de inflexión. De hecho, el precio del crudo fue superior en abril, y el punto de inflexión de la tasa de crecimiento se pronostica febrero del próximo año previendo escasez de oferta.
Así que, el consejo es, analistas: hagan apreciaciones que se apoyen más en el contexto, en lo que está sucediendo y ha sucedido, mirando la mayoría de los campos a los que está afectando; e inversores: tomen su tiempo para hacer un buen análisis de los mercados, que suelen ser muy volátiles, ya que una alocada decisión pueden llevarlos a ser presa fácil de intermediarios especuladores que quieren ganar del día a día ofreciendo rentabilidades elevadas.
Y si, inviertan en petróleo, pero no se dejen llevar tanto por eventos que no tienen el impacto dimensionado, que pueden hacerles predecir o escuchar sobre ganancias a su vez sobredimensionadas, llevándose, en el momento de ejercicio, sorpresas no esperadas. Aprovechen las locuras del mercado ubicándose en el lado ganador.
Anexo
Un ejemplo de la debilidad en el análisis económico es el siguiente caso: apartándose un poco del mercado de valores, hace unos meses en el contexto de la discusión del salario mínimo, en un diario regional, una profesora mía junto a su esposo, también economista, publicaron en la sección de economía lo siguiente: “el aumento del salario mínimo no contribuye en disminuir la pobreza, por el contrarío genera más porque genera desequilibrios en el mercado laboral, conllevando a más desempleo e informalidad”. Para esto se apoyaron en un estudio que así lo mostraba. A los pocos días, un reconocido economista del país (Eduardo Sarmiento) de la vieja escuela, publicó en su columna de un diario de rotación nacional, una crítica a la negación por aumentar el salario mínimo como lo demandan los trabajadores, es decir superior al 10%. Su argumento lo apoyó, tomando como ejemplo al Brasil, en donde en los años recientes han utilizado el salario mínimo para aumentar la demanda agregada y disminuir la pobreza. Un caso real pues hoy Brasil ha logrado posicionarse como la octava economía del mundo, ganando así peso en los grupos económicos dominantes del mundo.