Libardo Berdugo Tordecilla

Libardo Berdugo Tordecilla es economista egresado de la Universidad del Norte (Barranquilla-Colombia).

jueves, 25 de noviembre de 2010

Aumento del salario mínimo

Consideraciones teóricas en pro del trabajador

Cada final de año se suele discutir sobre el aumento en el salario mínimo. En la mesa se sientan sindicatos y gremios empresariales con propuestas que se fijan a partir de la inflación causada en el año a terminar (el aumento no puede ser inferior a la misma). Los primeros suelen pedir un incremento de mayor porcentaje argumentando que es necesario para compensar la real pérdida del poder adquisitivo del trabajador. Los segundos tienden a fijar un incremento cercano a la base de inflación pues señalan que si se aumenta como quieren los sindicatos se afectará la creación de empleos o en su defecto producirá desempleo.

El gobierno, que actúa como mediador en la mesa y es quien decreta el aumento para el año siguiente – haya o no acuerdo entre los actores-, siempre, o sino la gran mayoría de veces, suele apoyar la iniciativa de los gremios, pues lo que le interesa es que no se pierdan empleos, ni el impulso de la inversión extranjera.

Ahora bien, examínenos bien el conjunto de variables que juegan en el mundo empresarial de hoy en día, y que pueden ayudar a comprender y reconsiderar la tesis en la que se apoyan gremios y gobierno.

Inversión extranjera

El principio de toda empresa es maximizar la riqueza de su o sus propietarios, los cuales ocupan el último lugar de la lista de obligaciones que tiene cada firma (1. Clientes, 2. Empleados, 3. Proveedores, 4. Bancos, 5. Gobierno, 6. Accionistas o propietarios).  Para hacerlo cuenta con tres posibilidades: o aumenta las ventas, o reduce sus costos operativos, o aumenta la proporción del pasivo dentro de su balance. (Para más información véase conceptos sobre indicadores de análisis financiero como el del retorno sobre el patrimonio neto –ROE- o la identidad de Dupont).

Las grandes firmas, que se sitúan más que todo en sectores que usan tecnología de punta, maximizan fácilmente la riqueza ya que poseen un gran volumen de ventas y una intensidad de mano de obra baja que les permite tener mayores utilidades y pagar mejores salarios (se dan el lujo de retener multimillonarias utilidades anualmente a pesar de pagar honorarios por persona muchos más altos que el promedio). Es por eso que las grandes industrias manufactureras y mineras pagan relativamente mejor que las empresas de los demás sectores.

Si ese es el tipo de inversión extranjera que quiere el gobierno (localización de grandes firmas), entonces la decisión de si sube el salario mínimo un 8% o un 16% no impacta significativamente la decisión de la firma de venir o no, pues por su fortaleza pueden costear este aumento local -cuyo nuevo valor no se acercará todavía al que pagan en sus respectivos países de origen-.  A las grandes firmas de hoy en día les interesa más que todo encontrar facilidades en cuanto a formación de capital humano e infraestructura competitiva que les garantice una producción eficiente y por esa vía, ventas crecientes.     

De este modo, si el gobierno quiere mayor inversión extranjera en sectores jalonadores de desarrollo, pues entonces debe preocuparse más en gastar en infraestructura y en educación (permitiéndole a la persona educarse sin pagar tantos costos) y no tanto en que si sube el salario un 8% o 12% se va a frenar la inversión.  

Aumento del salario sin reacción de la Producción

Supongamos que por una vez el gobierno se pone de acuerdo con los sindicatos. Tal como se dijo en el apartado anterior, los gerentes o administradores financieros tienen que buscar la manera de maximizar la riqueza a como dé lugar. Por eso, apelan a la reducción de costos (ya sea no contratando más personas o despidiendo a algunos) o al aumento de los precios. Con esto buscan mantener su estado de patrimonio neto estable -o con ligeras variaciones-. No renuncian a perder lo más mínimo de sus millonarias utilidades a retener (o en términos contables: ahorro para expansión de la firma).

Presumamos que el gobierno previendo esto, formula una política o una reforma laboral en la que limita el despido de trabajadores. El nuevo salario le permitiría a cada persona incluir más bienes y servicios en sus canastas. Sin embargo, esta nueva movida conllevaría a un crecimiento generalizado de los precios, ya sea o porque las empresas aumentan sus precios para sobrellevar los nuevos costos, o porque ante la escasez de la oferta (después de agotar inventarios) y la creciente demanda, el mercado fije un precio de equilibrio superior. De este modo, el efecto sobre el poder adquisitivo de los trabajadores sería nulo, y se viviría en un ambiente de creciente desempleo pues la tasa de contratación se disminuiría (los trabajadores, protegidos por la ley, presionarían para que se ajuste de nuevo el salario, llevando a las firmas a sobrellevar más costos de honorarios sin que la producción aumente).

Estos hechos se darían en el caso de que el aumento de los salarios no incentive el crecimiento de la productividad del trabajador y por ende la oferta. Así pues, la negociación del salario debe hacerse de manera que se motive al trabajador a ser más eficiente.

Estímulo a la productividad

Continuando con conceptos teóricos de la administración financiera, es sabido que lo que todo gerente o administrador busca es que aumente el capital de trabajo de su empresa. En otras palabras, esto es asegurarse un margen de ganancia –que el dinero que sale de la empresa para la compra de materias primas, transformarlas y luego venderlas, logre que el dinero que entre sea mayor-.

La transformación de materias primas implica una relación de capital físico (maquinaria, equipos) y capital humano. Entre más eficiente sea esta relación, es decir, entre más eficiente sea el trabajador usando el equipo, más productiva será la firma. Ahora, más producción conlleva a precios más competitivos, y esto asegura un volumen de ventas mayor.

Un trabajador es eficiente en la medida que tiene una buena educación y acumulación de experiencia, y además cuenta con la motivación para trabajar. Las teorías de salud ocupacional indican que un trabajador con una carga alta de estrés laboral no es fructífero en su labor. El estrés laboral está asociado con varios factores, dentro de los cuales juega un papel importante la mala remuneración.

Entonces, es necesario que se motive al trabajador para que haga su trabajo de manera eficiente y así, en la cadena, pueda atraer a la firma más clientes y por ende más ventas.

Así pues, pensemos en otra alternativa dentro de la negociación del salario mínimo: Los gremios aceptan la propuesta de los sindicatos como estímulo a la eficiencia. Con esta nueva alternativa garantizarían que haya una mayor oferta de bienes y servicios para satisfacer a la ahora creciente demanda local –que responde rápidamente al estímulo-, manteniendo así un nivel de precios estable. Lograrían rotar más rápido inventarios y aumentar sus ventas tanto locales como externas (compitiendo en calidad y en precios). Por esta vía ampliarían su margen de ganancia, y las utilidades al final del ejercicio contable. En otras palabras sería una especie de inversión que llevaría en el mejor de los casos, a que las utilidades aumenten a una tasa proporcional e incluso superior si se abren más mercados externos.

Si esto se presenta así, entonces en términos agregados el mercado seguiría funcionando igual, pero ahora con una remuneración que satisface los intereses de los trabajadores. No obstante, si en el peor de los casos no funciona esta medida, ¿Qué se podría hacer?

Podrían acordar turnar: un año hacer un aumento como quieren los sindicatos y otro año como quieren los gremios para así compensar posibles pérdidas de las partes. Esto supone, dejar un poco de lado el principio maximizador de la riqueza y tener una mayor sensibilidad social.

Sensibilidad social como factor de motivación

Hace un par de años vi en un canal de televisión por cable, un programa sobre gente millonaria y como hicieron para conseguir sus fortunas. Me llamó mucho la atención el caso de un francés que hace muchos años se fue a trabajar como vendedor a la India, y experimentó momentos difíciles en los que tuvo que dormir en la calle, o no tenía con que comer. Por esta causa su mujer lo abandonó. Total, el caso es que se asoció con un hindú y montaron una empresa de telas y ropa. Con el pasar del tiempo se fue constituyendo en una de las grandes empresas de la moda en la India con multimillonarias exportaciones. ¿Cómo lo hizo?, pues el tipo se convirtió al budismo, y por esta causa no se apega a las cosas materiales. Por ello una buena parte de las utilidades de su empresa las distribuye en bonos a todos sus trabajadores. Ningún trabajador de la empresa, así lleve un mes laborando, se queda sin su cheque. La otra parte de las utilidades las invierte el crecimiento del negocio (inversión en activos). Es decir, resigna una parte de las ganancias de su empresa para incentivar a sus trabajadores y así obtiene muy buenos réditos.

Con este solo hecho, motiva a sus trabajadores, los hace más productivos, y por eso su producción es mayor. Logra quizás de manera inconsciente aumentar el capital de trabajo en su empresa: garantiza que la transformación de las materias primas sea mucho más eficiente – usando el tope de la capacidad del capital físico-, que haya una mayor oferta, con precios competitivos, y por ende mayores ventas (una mayor rotación de inventarios).

Entonces, es prácticamente lo mismo del apartado anterior, solo que acá se deja de lado la maximización de la riqueza -al resignar parte de las utilidades- para darle mejores condiciones a los trabajadores.

Algunos se preguntarán, bueno si, ¿pero cómo hacer para que un trabajador que ya es eficiente usando la maquinaria, lo sea mucho más? Pues para eso las empresas retienen anualmente, en forma de ahorro, millonarias utilidades; para eso se endeudan, para adquirir más activos que le permitan crecer. Motiven a sus trabajadores, denles más herramientas para que puedan producir más eficientemente, y contraten a los que hagan falta para consolidar más la producción. Igual cada día hay más mercado para vender (y más cuando una persona tiene mayores ingresos, las demandas y necesidades cambian constantemente, y además hay más apertura de nuevos mercados).

Si la preocupación son las nuevas o pequeñas y medianas empresas ya que quizás aún no contarían con los recursos suficientes para costear el capital físico y los salarios de los trabajadores que necesita para llegar a sus nivel óptimo de producción, entonces para eso también existen alternativas como la financiación a bajas tasas de interés, el impulso del gobierno mediante subvenciones o exención de impuestos, la eliminación de trámites, o la ya nombrada, resignación de una parte de las utilidades esperadas en el ejercicio.  

Después de todo, el aumento que piden los sindicatos no es tan desproporcionado como para arruinar por completo el sistema productivo de un país. Sin embargo si en el remoto de los casos esto llegase a pasar, el mercado encontrará tarde que temprano su equilibrio. Alemania quedó peor después de la segunda guerra mundial y hoy es potencia... (claro que hay otras consideraciones de por medio, más lo que quiero dar entender es que de peores situaciones han salido otros países)

lunes, 25 de octubre de 2010

Reglas y desarrollo

Institucionalidad global

Los economistas institucionales argumentan que las sociedades más desarrolladas son aquellas que han logrado forjar durante su proceso histórico – después de haber superado múltiples conflictos – instituciones (conjuntos de reglas de juego) más fuertes que no se oponen al cambio o al desarrollo (a la innovación e invención).

Obviamente las reglas demandan de un cumplimiento efectivo para evitar las medidas de castigo establecidas. Precisamente, las sociedades desarrolladas han logrado su éxito gracias a que las reglas y sus  medidas de castigo están más socializadas y son, por ende, temidas. Además, los actores encargados de ejecutarlas o darles cumplimiento son difíciles de corromper (intente sobornar a un policía de tránsito en Norteamérica…). Por eso en estos lugares hay más confianza en que todo tipo de acuerdo o contrato va a ser respetado y que por lo tanto se pueda emprender con mayor facilidad y tranquilidad.

Ahora bien, ¿las medidas de coerción socializadas y temidas son por si solas suficientes para alcanzar el desarrollo? Se podría decir que en Norteamérica, Europa occidental, Japón, y Oceanía abonaron el camino. No obstante, ¿Qué se podría decir de ciertos países árabes? (en donde por ejemplo el que roba puede  perder la mano literalmente hablando).

La diferencia acá es más que todo estructural pues no depende tanto de los castigos socializados sino más bien del manto en que se envuelven sus instituciones. Estos últimos manejan instituciones más ceremoniales –marcadas por el fanatismo religioso- que son más reacias a todo tipo de cambio, cohíben muchísimo más a su población, y dan lugar a que haya mayor concentración de poder en pocas manos, las cuales se preocupan más por su bienestar individual.

Colombia, y la mayoría de países latinoamericanos, guardan una mayor similitud con la cultura occidental aunque todavía hay arraigado cierto ceremonialismo en sus instituciones. En su concepción, este ceremonialismo es muy diferente al de la cultura árabe, pues mientras allá  las instituciones promueven exagerados castigos, acá tienden a limitarlos. Solo se parecen en el hecho de favorecer la concentración de poder en grupos que legislan y a la larga mandan a su conveniencia.

Estas características conllevan a que se configure en el contexto latinoamericano, un ambiente de debilidad institucional (creado por grupos interesados en mantener su posición privilegiada) que incentiva a un mayor incumplimiento de las reglas dentro del común de la sociedad. Por lo tanto, la confianza en los acuerdos, necesaria para impulsar el emprendimiento, se encuentra deteriorada.

Contexto latinoamericano

En nuestro contexto existen numerosas leyes que imponen las reglas a seguir y los castigos por su incumplimiento. Si estas legislaciones (las cuales constantemente se están reformando) se cumplieran a cabalidad, tendríamos las sociedades más avanzadas del mundo. Sin embargo, se puede decir sin temor a equivocarse, que no hay un pleno conocimiento de estas medidas.

El problema se agrava en la medida que la mayoría de estas leyes son débiles en sus castigos –por el ceremonialismo y la presión de ciertos grupos de poder- y los actores encargados de darles mandato son fáciles de sobornar. Así pues, la gente que conoce las leyes tiene la facultad de actuar de manera oportunista aprovechándose de su debilidad, mientras quienes no las conocen actúan sin temor alguno a sabiendas de que en caso verse en riesgo pueden intentar corromper a la autoridad.

Y es que de una u otra forma, el riesgo por cometer un delito es manejable. Por ejemplo, un corrupto; si le va bien se lleva la gran cantidad de dinero que robó, si le va mal, devuelve una parte de ese dinero, toma otra para contratarse un buen abogado y comprar, si es posible, al juez, y esconde el monto restante para asegurar el futuro de su familia. El resultado es una pena que ante los ojos de mundo es ridícula y que puede disminuir en la medida que el condenado tenga un buen comportamiento (pocos años de cárcel o, peor aún, casa por cárcel).  

Es por eso que un político toma la decisión de robar, o una persona toma la decisión de cometer un delito: sabe que dentro de los escenarios posibles, la probabilidad de salir bien librado es alta. En sociedades más avanzadas, esta probabilidad es mucho más baja.

Por ejemplo, hace poco vi en las noticias que un hombre que había asesinado a su esposa y descuartizado su cuerpo para desaparecerla tuvo una pena de 20 años de cárcel por haber confesado el delito. Por supuesto la familia de la víctima quedó indignada – puedes asesinar a alguien y la ley te favorece-. En una sociedad desarrollada, el haber confesado este delito le hubiese también traído beneficios: la pena le baja de tres a dos cadenas perpetuas, o le cambian la pena de silla eléctrica a inyección letal. (Aclaro, no estoy de acuerdo con la pena de muerte)

Medidas ejemplarizantes para el resto de la sociedad pues el hecho que tenga tres o una cadena perpetua es a la larga lo mismo: nunca va a salir de prisión. El mensaje es: haz algo semejante y mira lo que te puede pasar.

En realidad son muchos los ejemplos que permiten marcar la diferencia entre culturas. Enumerarlos a todos me llevaría toda una cartilla... 

No obstante, lo que quiero dar a entender es que es necesario mejorar las leyes, imponiendo en ellas castigos más fuertes, y además depurar con meritocracia los actores encargados de darle mandato. Obviamente, como se ha dicho a lo largo de este escrito, para llegar a este punto es necesario dejar de lado el ceremonialismo que prevalece el interés individual.

Con esto se lograría establecer un marco de confianza, de respeto por los acuerdos, contratos y recursos públicos.

Por otra parte, la educación juega un rol importante para afianzar este proceso de cambio pues no todo se tiene que hacer mediante la cultura del miedo. La enseñanza que apunte a lograr que cada persona cumpla las reglas primero por convicción, pensando en el daño que se hace a sí mismo y a la sociedad presente y futura, es el complemento necesario de toda medida restrictiva.

sábado, 25 de septiembre de 2010

Salidas a la crisis estructural

(Continuación del artículo anterior)

Cuando un hogar está en crisis económica –que no tiene como pagar los servicios públicos, la educación de sus hijos, que está endeudado- su única tabla de salvación es el devengar el dinero suficiente para poder saldar sus necesidades y deudas.

Este ejemplo que suena obvio, sirve para entender como también un país sale de la recesión: con dinero, o en palabras técnicas, con liquidez. Los economistas para justificar o explicar su necesidad ante circunstancias de amenazas de crisis, han desarrollado diversos modelos matemáticos, supuestos de la realidad, juegos de curvas, etc.

El más famoso de todos fue John M. Keynes que de cierta forma fue el artífice de la política del “New Deal” durante el gobierno estadounidense de Franklin D. Roosevelt diseñada para ayudar a la economía de ese país a salir de la recesión durante la década de los treinta. En su Teoría general del empleo, el interés, y el dinero, Keynes postulaba que se debía aumentar el gasto público en sectores de la economía con alta propensión a consumir, capaces de aumentar la demanda agregada y por ende el volumen de la renta (efecto multiplicador).     

Para esto último, obviamente en momentos de crisis se necesita o utilizar el ahorro nacional o emitir grandes volúmenes de dinero para evitar así un aumento desproporcional de las tasas de interés del mercado o de los impuestos, que llevaría en su conjunto a agravar más la situación de una población ávida de recursos para, como se dijo en el principio, saldar necesidades y deudas.

De hecho fue esta última estrategia la que usó Estados Unidos para amortiguar la crisis reciente: disminución de impuestos, gasto del ahorro nacional, y emisión de grandes cantidades de dinero para salvar el sistema financiero (causante de la crisis).

La primera política (New Deal) logró una estabilización de la economía norteamericana, más no un crecimiento, pues se mantuvieron durante la década altas tasas de desocupación. La política reciente parece estar teniendo los mismos efectos hasta el momento.

Después de todo, al parecer el gasto  no se invirtió en todos los sectores multiplicadores. Y es que de hecho, el principal receptor ha sido el sistema financiero que de entrada actúa de intermediario y por ende no genera suficiente -sino nulo- valor agregado, pues no produce un tornillo, ni tampoco, ante la desconfianza generada por la crisis, se motiva a prestar para que las industrias reactiven rápidamente su producción.

En Colombia, un país que no está ajeno al comportamiento de los ciclos económicos, pero como se dijo antes posee una crisis estructural, un aumento del gasto público en los sectores indicados si podría tener la magnitud de los efectos multiplicadores esperados. La razón es sencilla. Su sistema productivo tiene un comportamiento procíclico, y por ende hoy en día la confianza en el mercado no está tan deteriorada. Es decir que por ejemplo se pude invertir fuertemente en infraestructura y el sistema financiero puede respaldar en parte esa intervención.

En mi concepto el aumento del gasto que necesita el país debe ser de magnitudes astronómicas. La situación de crisis estructural así lo amerita. Para eso se debe, primero canalizar mejor el gasto, pues ¿cuánto produce un soldado? Segundo, se deben buscar mecanismos de ley más fuertes para controlar la corrupción –aumentar los castigos-; y se debe cambiar la deuda extranjera por deuda nacional y emitir grandes cantidades de dinero (Explicación más detallada de esto último en el Anexo).

Con esta última propuesta la ortodoxia económica se rasgaría las vestiduras, y desempolvarían sus libretos setenteros con la frase, o amenaza de tragedia: ¡eso conllevaría a más inflación!

Soy de los que piensa que en las condiciones actuales de crisis estructural -en donde de por si los precios son bajos- y de globalización y apertura de mercado, las presiones inflacionarias no serían tan fuertes pues aún la demanda agregada local no está en su tope y existe una mayor competencia global de calidad y precios. Además la inversión del gasto y nuevas emisiones se haría en obras grandes de infraestructura, educación, salud y creación de empresas estatales con lo que se lograría generar empleos y darles mejores condiciones de vida a la población. Por lo tanto se canalizaría en ámbitos superiores y no llegaría en grandes proporciones a las manos de cada habitante. No obstante, si por cualquier motivo llegase haber presiones inflacionarias de más de un dígito, opino que si ese es el costo para darle al país mejores indicadores globales de desarrollo a futuro, se debería asumir. Después de todo ¿qué son unos cuantos años en toda la historia de la humanidad, más aún de la tierra y el universo?

Como dice el refrán: “no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista”  

ANEXO

Es decir, que las reservas mantenidas para parear supuestas eventualidades futuras se usen para pagar tal deuda externa y no se queden debitando bajos intereses o sujetas al riesgo de crisis en el sistema financiero del país donde se encuentran. Con esta medida quedaríamos endeudados con el Banco de la República (una entidad que a la larga es pública) el cual nos podría cobrar muchos menos intereses – o ninguno- que los cobrados por organismos o fondos internacionales, y que nos podría servir para la condonación de ciertos rubros y para el otorgamiento de créditos o emisiones, medidas que en su conjunto servirían para  inversión en infraestructura y erradicación de la pobreza. Después de todo un país está mejor preparado para eventualidades futuras si en vez de tener que pagar con reservas para cubrirlas tiene buenos indicadores de desarrollo -logrados gracias al aumento del gasto público-.

Con toda esta movida también el país se evitaría las presiones de organismos o fondos internacionales quienes, como todo intermediario financiero, piden el cumplimiento de indicadores de estabilidad fiscal que les garanticen el reembolso de sus préstamos, con intereses incluidos. Por último también serviría para contrarrestar la reevaluación de la moneda, de la que tanto se quejan hoy en día, pues se frenaría la entrada de fuertes sumas de dólares de prestamistas especuladores que les conviene reevaluar para tener más retornos (si en el momento A, por 2 pesos se obtiene un dólar, y en el momento B, por 2 pesos se obtienen 2 dólares, entonces el prestamista que al momento inicial otorgó una suma fija de dinero que fue cambiada a pesos conforme a la tasa establecida, al momento de cobrar intereses en el segundo momento obtendrá por cada peso una mayor cantidad de dólares)

miércoles, 25 de agosto de 2010

Crisis estructural en Colombia


Después de todo, ¿tenemos una economía sólida?


La actividad económica en Colombia no es ajena al comportamiento cíclico (para la explicación de los ciclos  económicos ver Anexo).  Ha habido momentos de contracción y de expansión durante la historia. Sin embargo, al parecer estos ciclos funcionan dentro de una esfera en la cual siempre han prevalecido los problemas socio-económicos, y los momentos de expansión vividos no han tendido la fuerza suficiente para mejorar considerablemente la situación.

En los últimos años, en los que se vivió un proceso de expansión, se dijo que el país había logrado desarrollar una economía fuerte. Hasta el día de hoy, se escucha a varios de los economistas más reconocidos del país decir en los medios de comunicación que la economía colombiana es sólida porque "a pesar de la contracción mundial mantuvo niveles de crecimiento; que hay altas tasas de inversión extranjera, etc". Pero ante la realidad de los indicadores socio-económicos actuales, ¿qué tan sólida es?

Estas apreciaciones parecen estar ajenas a las circunstancias que vive y ha vivido durante su historia la mayoría de la nación. Si uno entra a analizar el contexto colombiano se pregunta si la economía de un país puede ser sólida cuando:

  • El 45.5% de su población se encuentra en estado de pobreza, es decir unos 19 millones 900 mil colombianos (más que toda la población de Chile, o la suma de las poblaciones de Uruguay, Panamá, Irlanda, y Noruega), y de estos, unos 7 millones 200 mil colombianos está en la indigencia. Ver: Los índices de pobreza y de indigencia en Colombia. Artículo de Vanguardia
  • La tasa de desempleo está cercana al 12%, la más alta de América Latina según la Cepal, y se tienen altos índices de informalidad o subempleo (unos 4 millones, ochocientos mil colombianos en la informalidad). Ver: Desempleo en Colombia. Artículo de Finanzas Personales.
  • Se tienen crecimientos económicos anuales por debajo del 5%, para un territorio con una amplia gama de recursos naturales como “activos potenciales”, mientras países como los tigres o los dragones asiáticos (Hong Kong, Singapur, Corea del sur y Taiwán) con mucho menos riquezas de recursos lograron en aproximadamente tres décadas crecer a un ritmo extraordinario, jalonados por la industrialización y la inversión extranjera.
  • Está entre los seis países con mayor desigualdad económica en el mundo, siendo superado en América Latina y el Caribe por Brasil, Ecuador, Haití y Bolivia. Su índice de desigualdad de Gini es de 55. Ver: PNUD Colombia. Artículo del Tiempo. 
  • Presenta un considerable rezago en infraestructura portuaria, tecnológica, y vial (según información de 2004 en Colombia por cada millón de habitantes hay 350 kilómetros de vías, mientras que en Chile la relación es de 860 kilómetros, y en México es de 900 kilómetros). Ver: El rezago vial colombiano. Tratado de Libre Comercio Andino - EE UU
Guiándose por el sentido común, la respuesta debe ser NO. Se podría decir que es sólida solo para un grupo reducido de sectores o grupos, más para una gran masa de población – distribuida entre clase media y pobre - no.

Si se estudia bien se podrá apreciar que el crecimiento económico de los últimos años no se ha visto plasmado en mejoras significativas de los indicadores socio-económicos mencionados anteriormente. De hecho, cualquier colombiano desde que tiene uso de razón, no ha visto en su vida, mejoras sustanciales en ese aspecto: siempre hemos sido un país en desarrollo con preocupantes cifras socio-económicas.

Aquí no se cumple, al parecer, la regla de que el crecimiento económico contribuye a una disminución del desempleo. Esto se debe a que el mismo crecimiento es impulsado más que todo por sectores con gran volumen de ventas pero con una intensidad de mano de obra baja. Así pues la gran masa de los ingresos se termina distribuyéndo en pocas manos, las cuales en su mayoría no tienen el interés por generar externalidades positivas a su entorno inmediato.

De este modo, se podría inferir que en este país las expansiones económicas, en términos netos, solo tienden a beneficiar a pequeños grupos de la sociedad, mientras que las contracciones, producidas por estos mismos grupos, afectan a la gran masa poblacional. Un ejemplo de eso fue la cantidad de personas que perdieron sus viviendas en la última crisis económica nacional (finales de los noventa).

En conclución pareciera entonces que existieran dos "Colombias", una compuesta por un pequeño grupo que se favorece de las buenas épocas y se perjudica en un menor grado en las malas, pues el Estado sale a auxiliarlos; y otra compuesta por la mayoría de la población que se favorece muy poco de las buenas, pero si se perjudica en mayor grado durante las malas. El lector se preguntará, ¿eso no pasa hasta en los países desarrollados?, y la respuesta es “en parte” pues la diferencia es que en estos países los periodos de expansión vividos en su historia si han impactado considerablemente en el bienestar de la mayoría de la población.

Por todo este panorama, es que uno se atreve a afirmar que el país posee una especie de crisis estructural pues, como ya se dijo anteriormente, los periodos de expansión que se han vivido a lo largo de la historia no han alcanzado para mejorar trascendentalmente los indicadores socio-económicos, y los periodos de contracción han terminado empeorando más la situación durante su impacto.

Se mantiene entonces en el país, un estado de baja demanda agregada, producto de los altos índices de pobreza, los bajos niveles salariales, y los altos índices de desempleo e informalidad. La solidez de la economía nacional parece estar sesgada solamente para un pequeño sector, que en términos agregados no compensa la situación crítica que vive la mayoría.


(ANEXO) Breve aproximación a la teoría de los ciclos económicos


Según la literatura económica, los ciclos económicos (fluctuaciones cíclicas de la actividad económica) son las oscilaciones periódicas de la economía en la que una etapa de expansión es seguida por una de contracción, y esta a su vez por una de expansión, y así sucesivamente.

En sí, cada ciclo está constituido por cuatro etapas o fases: el Auge, que es el punto más elevado del ciclo, y es en donde se empiezan a presentar las rigideces que frenan el crecimiento económico; la Recesión que corresponde a la etapa decreciente del ciclo, en donde cae considerablemente la inversión, la producción y el empleo (comprende, por lo menos, dos trimestres de continua disminución del producto real). Una crisis es una recesión especialmente abrupta; la Depresión, el punto más bajo del ciclo, caracterizado por altos niveles de desempleo, y demanda muy por debajo de la oferta llevando a que los precios generales disminuyan, y la Recuperación, que es la etapa ascendente del ciclo, en donde la renovación del capital tiene efectos multiplicadores sobre la actividad económica, empujando así el crecimiento.

Si durante la fase de recesión, la economía cae por debajo del nivel de la recesión anterior se dice entonces que se está ante una contracción. A su vez, si durante la fase de recuperación, la actividad económica general supera el auge del ciclo anterior, se afirma que se está ante una expansión.

Existen diversas teorías sobre la duración de los ciclos: Kitchin argumentaba que tenían una duración aproximada de 40 meses; Juglar (1) sostenía su duración promedio era de ocho años y medio, y los distinguía por la existencia de auges y crisis cíclicas; Marx (3) decía que aproximadamente cada ocho años y medio el capitalismo presentaba una crisis; Kondratieff (2) afirmaba que tenían una duración de entre 50 a 60 años, con características de onda diferentes por expansión y contracción.

No obstante, hoy en día es tomada en cuenta la cronología del National Bureau of Economic Research en la que define a los ciclos por sus periodos de expansión y contracción sin detenerse a mirar la duración puntual en meses o años. 

Referencias

  1. Juglar, Clement. Brief History of Panics and Their Periodical Occurrence in the United States. Augustus M Kelley Pubs, 3ra Edición. 1889.
  2. Kondratieff, Nikolai D. "Los grandes ciclos de la vida económica"; En: Ensayos sobre el Ciclo Económico. págs. 35-56; Gottfried Haberler compilador. Fondo de Cultura Económica, México, 2ª ed. 1956.
  3. Marx, Karl. El Capital III. págs. 213-263; Fondo de Cultura Económica, 2ª ed. 1959, México.
  4. Wikipedia. La Enciclopedia Libre. Concepto de Ciclo Económico.