Libardo Berdugo Tordecilla

Libardo Berdugo Tordecilla es economista egresado de la Universidad del Norte (Barranquilla-Colombia).

sábado, 25 de septiembre de 2010

Salidas a la crisis estructural

(Continuación del artículo anterior)

Cuando un hogar está en crisis económica –que no tiene como pagar los servicios públicos, la educación de sus hijos, que está endeudado- su única tabla de salvación es el devengar el dinero suficiente para poder saldar sus necesidades y deudas.

Este ejemplo que suena obvio, sirve para entender como también un país sale de la recesión: con dinero, o en palabras técnicas, con liquidez. Los economistas para justificar o explicar su necesidad ante circunstancias de amenazas de crisis, han desarrollado diversos modelos matemáticos, supuestos de la realidad, juegos de curvas, etc.

El más famoso de todos fue John M. Keynes que de cierta forma fue el artífice de la política del “New Deal” durante el gobierno estadounidense de Franklin D. Roosevelt diseñada para ayudar a la economía de ese país a salir de la recesión durante la década de los treinta. En su Teoría general del empleo, el interés, y el dinero, Keynes postulaba que se debía aumentar el gasto público en sectores de la economía con alta propensión a consumir, capaces de aumentar la demanda agregada y por ende el volumen de la renta (efecto multiplicador).     

Para esto último, obviamente en momentos de crisis se necesita o utilizar el ahorro nacional o emitir grandes volúmenes de dinero para evitar así un aumento desproporcional de las tasas de interés del mercado o de los impuestos, que llevaría en su conjunto a agravar más la situación de una población ávida de recursos para, como se dijo en el principio, saldar necesidades y deudas.

De hecho fue esta última estrategia la que usó Estados Unidos para amortiguar la crisis reciente: disminución de impuestos, gasto del ahorro nacional, y emisión de grandes cantidades de dinero para salvar el sistema financiero (causante de la crisis).

La primera política (New Deal) logró una estabilización de la economía norteamericana, más no un crecimiento, pues se mantuvieron durante la década altas tasas de desocupación. La política reciente parece estar teniendo los mismos efectos hasta el momento.

Después de todo, al parecer el gasto  no se invirtió en todos los sectores multiplicadores. Y es que de hecho, el principal receptor ha sido el sistema financiero que de entrada actúa de intermediario y por ende no genera suficiente -sino nulo- valor agregado, pues no produce un tornillo, ni tampoco, ante la desconfianza generada por la crisis, se motiva a prestar para que las industrias reactiven rápidamente su producción.

En Colombia, un país que no está ajeno al comportamiento de los ciclos económicos, pero como se dijo antes posee una crisis estructural, un aumento del gasto público en los sectores indicados si podría tener la magnitud de los efectos multiplicadores esperados. La razón es sencilla. Su sistema productivo tiene un comportamiento procíclico, y por ende hoy en día la confianza en el mercado no está tan deteriorada. Es decir que por ejemplo se pude invertir fuertemente en infraestructura y el sistema financiero puede respaldar en parte esa intervención.

En mi concepto el aumento del gasto que necesita el país debe ser de magnitudes astronómicas. La situación de crisis estructural así lo amerita. Para eso se debe, primero canalizar mejor el gasto, pues ¿cuánto produce un soldado? Segundo, se deben buscar mecanismos de ley más fuertes para controlar la corrupción –aumentar los castigos-; y se debe cambiar la deuda extranjera por deuda nacional y emitir grandes cantidades de dinero (Explicación más detallada de esto último en el Anexo).

Con esta última propuesta la ortodoxia económica se rasgaría las vestiduras, y desempolvarían sus libretos setenteros con la frase, o amenaza de tragedia: ¡eso conllevaría a más inflación!

Soy de los que piensa que en las condiciones actuales de crisis estructural -en donde de por si los precios son bajos- y de globalización y apertura de mercado, las presiones inflacionarias no serían tan fuertes pues aún la demanda agregada local no está en su tope y existe una mayor competencia global de calidad y precios. Además la inversión del gasto y nuevas emisiones se haría en obras grandes de infraestructura, educación, salud y creación de empresas estatales con lo que se lograría generar empleos y darles mejores condiciones de vida a la población. Por lo tanto se canalizaría en ámbitos superiores y no llegaría en grandes proporciones a las manos de cada habitante. No obstante, si por cualquier motivo llegase haber presiones inflacionarias de más de un dígito, opino que si ese es el costo para darle al país mejores indicadores globales de desarrollo a futuro, se debería asumir. Después de todo ¿qué son unos cuantos años en toda la historia de la humanidad, más aún de la tierra y el universo?

Como dice el refrán: “no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista”  

ANEXO

Es decir, que las reservas mantenidas para parear supuestas eventualidades futuras se usen para pagar tal deuda externa y no se queden debitando bajos intereses o sujetas al riesgo de crisis en el sistema financiero del país donde se encuentran. Con esta medida quedaríamos endeudados con el Banco de la República (una entidad que a la larga es pública) el cual nos podría cobrar muchos menos intereses – o ninguno- que los cobrados por organismos o fondos internacionales, y que nos podría servir para la condonación de ciertos rubros y para el otorgamiento de créditos o emisiones, medidas que en su conjunto servirían para  inversión en infraestructura y erradicación de la pobreza. Después de todo un país está mejor preparado para eventualidades futuras si en vez de tener que pagar con reservas para cubrirlas tiene buenos indicadores de desarrollo -logrados gracias al aumento del gasto público-.

Con toda esta movida también el país se evitaría las presiones de organismos o fondos internacionales quienes, como todo intermediario financiero, piden el cumplimiento de indicadores de estabilidad fiscal que les garanticen el reembolso de sus préstamos, con intereses incluidos. Por último también serviría para contrarrestar la reevaluación de la moneda, de la que tanto se quejan hoy en día, pues se frenaría la entrada de fuertes sumas de dólares de prestamistas especuladores que les conviene reevaluar para tener más retornos (si en el momento A, por 2 pesos se obtiene un dólar, y en el momento B, por 2 pesos se obtienen 2 dólares, entonces el prestamista que al momento inicial otorgó una suma fija de dinero que fue cambiada a pesos conforme a la tasa establecida, al momento de cobrar intereses en el segundo momento obtendrá por cada peso una mayor cantidad de dólares)

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