Libardo Berdugo Tordecilla

Libardo Berdugo Tordecilla es economista egresado de la Universidad del Norte (Barranquilla-Colombia).

viernes, 25 de febrero de 2011

Desarrollo a la carta

Según la literatura económica, las regiones o zonas rezagadas traen consigo altos costos de transacción[1] y transporte que generan incertidumbre y por ende, riesgo de que el capital invertido no tenga los retornos deseados. Es por eso que en estos lugares no hay un nivel significativo de inversión privada, y las actividades económicas que priman están muy ligadas al entorno con un mercado objetivo reducido.

En si, en estas regiones prevalecen las actividades primarias (minería, agricultura y pesca artesanal) y terciarias. La primera con mayor incidencia en las áreas rurales y la segunda en las cabeceras municipales.

La poca inversión privada se focaliza mayormente en actividades portuarias y mineras que utilizan tecnología de punta y que cuentan con las facilidades logísticas para operar – solo unos pocos municipios cuentan con estas ventajas-. Sin embargo, este nivel de desarrollo endógeno no se traduce en externalidades positivas para las poblaciones aledañas de estos clústeres tecnológicos. Por ende, en estos municipios se presencian ambientes muy heterogéneos.

Por otra parte, las pocas manufacturas existentes se clasifican más que todo dentro de la industria de alimentos y la agroindustria y dedican su producción mayormente a la exportación por vía fluvial (la cual resulta costosa para algunas firmas dado que se encuentran alejadas del nodo portuario, y la infraestructura de carreteras es muy deficiente).


Oportunidades laborales

Dado el contexto denotado, son muy pocas las oportunidades laborales formales para los nativos de estas zonas.

Los establecimientos comerciales existentes tienen copadas sus vacantes, la mayoría manejando un tipo de contratación informal, sin prestaciones sociales de ningún tipo, y con pago de salario según lo producido o vendido a diario.

La agroindustria por su parte genera oportunidades de empleo por temporadas de corte y recolección, pagando mediante el esquema de jornaleros. No obstante en sus plantas los cupos de vacantes están también copados.

Finalmente, los clústeres que utilizan tecnología de punta poseen una baja participación de mano de obra, y solo aquellos con un alto nivel de capital humano (formación, experiencia, etc.) son los privilegiados para participar en el proceso productivo. Por ende, dada la pobre cobertura y calidad educativa prevaleciente en estas zonas (altos índices de analfabetismo), la mayoría de estos trabajadores son provenientes de otras partes del país.

Todo esto conlleva a que los jóvenes en edad de trabajar, al no tener tampoco las posibilidad de seguir la educación superior, se dedican a actividades de rebusque como la venta de alimentos en las calles, venta de minutos de telefonía celular, carga de bultos, búsqueda de metales preciosos en afluentes fluviales, etc. La informalidad se constituye entonces en su medio para sobrevivir o aportar en sus hogares. Estas condiciones derivan también en numerosas problemáticas sociales (ej. embarazos tempranos) y de orden público pues muchos de estos jóvenes ven como alternativa de vida la inserción a grupos armados al margen de la ley.

Receta de desarrollo

Para lograr que dichas condiciones de desarrollo en estas zonas empiecen a cambiar se necesita de una mayor intervención por parte del Estado, con herramientas novedosas y eficaces que conduzcan, en primer lugar al fortalecimiento del capital humano en actividades donde se tengan ventajas comparativas y en segundo lugar a una mayor inversión en infraestructura global. (Mayor gasto)

Podría entonces, siguiendo esta línea, articular estrategias de capacitación (por ejemplo conformando centros de cómputo, avalados por universidades públicas, que faciliten la educación a distancia) en producción agrícola tecnificada, técnicas de agroindustria, técnicas de producción artesanal, formación de líderes comunitarios, formación en idiomas para la atención del turista, entre otras, y luego impulsar la creación de unidades productivas familiares que aprovechen las ventajas comparativas en bienes y servicios que tenga la misma región.

Así podría potenciar la producción de bienes y servicios por parte de los nativos, y fortalecer el grado de participación comunitaria motivándolos a constituirse en líderes para la realización de eventos de consecución de recursos para obras de beneficio comunal, y para la creación de otras cooperativas de producción.

Sin embargo, si se llega hasta allí, los beneficios económicos tendrían un impacto bajo. Este se relaciona directamente con la baja posibilidad de demanda en el lugar. Es decir, las oportunidades de vender un producto se circunscriben a un territorio reducido, dadas las dificultades de acceso a la región y las amenazas de orden público, y la nueva oferta de bienes procedentes de estas personas (excedentes de lo producido) llevaría a disminuir los precios y por ende, si sus ventas no aumentan proporcionalmente, sus ingresos netos.

Para lograr un impacto mayor, renglón seguido el Estado podría crear una especie de “Marca Zona” que permita que los productos de estas personas sean comercializados en un mercado más amplio, ya sea nacional y/o extranjero. Funcionaría como una firma que les compra a un precio unitario estándar, asumiendo los riesgos de las fluctuaciones del mercado ella misma, garantizándoles un ingreso mensual seguro dependiente netamente de la cantidad producida.

Con esta primera medida aseguraría un mayor impacto socio-económico y por ende abonaría terreno para la inversión de capital motivada por la mejor preparación de los trabajadores. Garantizaría también un menor grado de deserción en los programas educativos pues les daría a los beneficiarios la seguridad de que completar el proceso si trae beneficios tangibles, y contribuiría finalmente a que las problemáticas sociales y de orden público disminuyan.

No obstante esto último no es suficiente para que por ejemplo una firma grande decida localizarse en la zona, o una naciente empresa local pueda crecer. Para eso se necesita de un mayor gasto por parte del Estado en infraestructura que lleve a disminuir sustancialmente los costos de transacción y transporte, y así explotar las ventajas que ofrece el mercado mundial. También es más que necesario que se aumente el porcentaje de inversión en ciencia y tecnología (fomentando la creación de centros de investigación, parques industriales, becas de estudio superior para nativos, etc.) para que se generen en el largo plazo procesos de innovación que sean acogidos en los procesos productivos que se focalicen y desarrollen en la zona.

(Este artículo, producto de todas las experiencias que he tenido en campo, se lo dedico a mi madre Otilia Isabel Tordecilla Payares como homenaje en su día de cumpleaños. Aunque ya no esté presente físicamente, aún sigue siendo mi inspiración y motor para aportar de mi lo mejor cada día. Te amo mamá)

[1] Generalmente se incluyen dentro de estos, limitaciones tales como: la estructura tributaria de la zona específica; la coyuntura socio-económica de dicha zona (negociación con grupos armados, precio del metro cuadrado industrial, confianza del consumidor, etc.); la estructura legal y el grado de negociación y desarrollo de los factores productivos (trámites de creación de empresa, acción colectiva, entrenamiento a los trabajadores, etc.); infraestructura competitiva (servicios públicos, vías de comunicación, plataforma de servicios de información, tecnología, etc.) que se constituyen en freno de la localización y desarrollo de una empresa en el sentido de que impongan grandes costos - fuera de aquellos destinados únicamente al proceso productivo- para las firmas.

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