Libardo Berdugo Tordecilla

Libardo Berdugo Tordecilla es economista egresado de la Universidad del Norte (Barranquilla-Colombia).

sábado, 25 de junio de 2011

Educación, la mejor inversión

Todos, en muchas ocasiones, nos hemos preguntado qué hacer con nuestro dinero (el que tenemos ahorrado o el que se espera devengar) y más aún con nuestras vidas. Y pensamos en cuál es esa decisión de inversión que nos permitirá encontrar la estabilidad económica deseada. 

Y en la cabeza de muchos empiezan a correr diferentes ideas… 

  • los más arriesgados: montar un negocio, invertir en la bolsa o en Forex; 
  • los de término medio: invertir en finca raíz; 
  • y los menos arriesgados, invertir en títulos de renta fija como CDT´s o en bonos del Estado. 

Los del primer grupo deben poseer una estabilidad psicológica y emocional pues están expuestos a grandes pérdidas (ya que el mercado es difícil de predecir) y por lo tanto los réditos de sus inversiones se pueden ver deteriorados. No obstante, si eres experto en el análisis técnico de los precios tendrás mayor probabilidad de tener grandes réditos en el corto plazo. Ahora bien, si se piensa en estas alternativas de inversión, estas se deben hacer con dinero “libre”, es decir que no se necesite para cubrir las necesidades básicas del inversor, y si no se poseen grandes conocimientos bursátiles entonces se debe planificar a largo plazo, focalizándose en sectores fuertes o con buenas expectativas de crecimiento. Así pues, los réditos serán visibles si eres un inversor arriesgado inteligente.

Los del grupo intermedio obviamente también requieren tener la estabilidad psicológica y emocional denotada. Estos deben invertir lógicamente en sectores donde se prevea una valorización del metro cuadrado. No tienen de otra. Aunque acá también se presenta la dificultad de predecir las dinámicas del mercado, esta labor se facilita en la medida que exista un conocimiento del “ruido” que tiene el mismo (lo que dice la gente, la prensa, donde se está focalizando la construcción comercial, etc.). De igual manera, necesitas ser un inversor inteligente para ganar con este tipo de inversiones. 

Y los del último grupo la tienen más fácil pues si o si van a tener los réditos acordados en los contratos. Solo requieren esperar. 

Ahora, si se fijan bien el tamaño de los réditos en proporcional al monto de dinero a invertir, pues por ejemplo, no es lo mismo montar un negocio de comidas rápidas en una esquina, a montar un restaurante en un lugar cotizado; no es lo mismo recibir dividendos por un lote de 10 acciones, que por un lote de 100.000 acciones; no es lo mismo recibir ganancias de los cambios en las divisas (pips) de un lote de 1.000 dólares, que de un lote de 100.000 dólares; no vale lo mismo adquirir una propiedad en una zona con poca valorización, a comprar una en una zona con mayor valorización; no es lo mismo recibir los intereses de un CDT de 5 millones de pesos, a uno de 500 millones de pesos; y finalmente no cualquiera puede comprar un bono o título del Estado pues su precio es elevado. 

Y como no todos tienen la cantidad de dinero necesaria entonces ¿Qué se puede hacer? Obviamente el mercado ofrece mecanismos de financiamiento (créditos, apalancamientos, etc.) que le ayudan al inversor a acceder a las alternativas más arriesgadas. No obstante esto no es gratis (siempre hay intereses y/o comisiones de por medio) y además al riesgo económico, es decir de que no resulte la inversión hecha en el sector escogido, se le suma el riego financiero, o sea el de no poder pagar la deuda. Para endeudarse se requiere que la rentabilidad de la inversión supere, y con creces, el costo de endeudarse, es decir los intereses más comisiones. Pero ante la incertidumbre de un mercado cambiante esto es difícil de prever. 

Entonces, de nuevo, ¿Qué inversión es tan rentable que supere todo tipo de esfuerzos y, si es necesario, el costo del endeudamiento? Y la respuesta es: invertir en educación. Y no tan simple como eso, sino invertir en la educación propia en las mejores universidades del país o del mundo. Y dirán, “pero eso también requiere fuertes cantidades de dinero”. Y es cierto, y aquellos que lo tienen pues pueden hacerlo con ellos mismos o con sus hijos, pero aquellos que no, les toca esforzarse un par de años para poder conseguir una beca dentro del sinnúmero que ofrecen anualmente instituciones y gobiernos del mundo. Si bien no es fácil, pues hay que cumplir con requisitos de nivel de idiomas, experiencia, perfil, entrevistas etc., es un esfuerzo que traerá grandes réditos. Tanto, que incluso la persona se puede arriesgar pidiendo un crédito, y esto es porque la “rentabilidad” ofrecida puede garantizar pagar el crédito en un corto tiempo. 

Por ejemplo, y hablando desde mi área de interés, el último ranking de escuelas de negocios publicado por Financial Times, señala que estudiar en las universidades más prestigiosas lleva a un aumento de salario superior al 100%. Por ejemplo, terminar un MBA en Stanford acarrea un aumento de salario de un 115%, ubicándose en un promedio anual de $ 183.260 dólares. Y esto es porque en el sistema capitalista de hoy en día se valora el aporte del capital humano de la más alta calidad pues hace más eficiente y eficaz el sistema productivo = mayores ventas de bienes y servicios. 

Obviamente, no cualquiera entra a Stanford, o a Harvard, o al MIT, o al London Business School, etc. Incluso, teniendo el dinero para pagar fácilmente, se deben reunir los requisitos mencionados anteriormente. Pero como se ha dicho, si otros lo han logrado ¿por qué uno no? Es un esfuerzo que vale la pena pues los $ 100.000 dólares en promedio que puede costar un programa de estos al año, conlleva a tener unos ingresos anuales, después de terminar el programa, de entre $160.000 a $180.000 dólares. Dividan cualquiera de estas cifras entre el costo del programa y verán la rentabilidad promedio. 

Podrán hasta pagar el crédito, si es la opción elegida de financiamiento, sin mayor preocupación alguna (Ahora bien, para endeudarse también se necesita ser inteligente, ya que hay que mirar muy bien las alternativas de costos financieros y hacerlo solo cuando la universidad haya aceptado la admisión al programa de estudios). 

Lógicamente, cada campo de formación manejará valores diferentes entre costos de los programas y los salarios promedios, más si se hace el cálculo muy seguramente la rentabilidad será muy alta. Y así con esos ingresos podrán entonces, si se les antoja, mirar las alternativas de inversión expuestas al principio de este escrito, pues tendrán el suficiente dinero libre para arriesgar o poner a devengar intereses. 

Es por ello que señalo que esta es una inversión, sea de dinero o de esfuerzos (o de ambos), que vale la pena. Tanto que los gobiernos de países en desarrollo deberían financiar a sus nacionales sin pedir interés alguno (con cláusulas para el retorno al país en caso de educarse en el exterior) pues un capital humano con los más altos estándares –que aporte a hacer más eficiente el proceso productivo- es más determinante en el crecimiento y posterior desarrollo económico, que una suma de interés anual. Si se pone en una balanza, lo primero pesa mucho más. 

De este modo, es por todo esto que me atrevo a afirmar, y sé que muchos comparten esto, que la educación es la mejor inversión posible que puede hacer una persona que busca el bienestar individual y familiar, y/o un gobierno que busca el bienestar social.



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