Recientemente, el mundo ha sido testigo de una gran turbulencia del mercado financiero, con canales que marcan tendencias bajistas.
Y este comportamiento no es más que el resultado de las actitudes binarias con las que se mueve el mercado. Es decir, reaccionan siguiendo una programación por defecto y no basándose en una planificación estratégica. Por eso, los pocos que manejan muy bien lo segundo son los que amasan grandes fortunas en el mercado de valores.
Y este comportamiento no es más que el resultado de las actitudes binarias con las que se mueve el mercado. Es decir, reaccionan siguiendo una programación por defecto y no basándose en una planificación estratégica. Por eso, los pocos que manejan muy bien lo segundo son los que amasan grandes fortunas en el mercado de valores.
La actual crisis del mercado de valores no es más que la consecuencia de un rifirrafe político en los Estados Unidos ad portas de las elecciones presidenciales de 2012: Los republicanos buscan regresar al poder y para lograrlo deben restarle popularidad al presidente demócrata Barack Obama. Y para ello, qué mejor que hacerlo ver culpable de los malos resultados en materia económica. Por tal motivo, llevaron la discusión de aumentar el techo de la deuda (para poder garantizar el cumplimiento total de todas las obligaciones contraídas) al último día en la cámara de representantes –donde los republicanos son mayoría-, logrando un acuerdo dentro del cual no se aumentarían los impuestos a los más ricos y se reduciría el gasto público gradualmente durante los siguientes diez años.
Como consecuencia de este contexto político, una de las firmas calificadoras de riesgo de más renombre le redujo la calificación a los bonos de deuda de los Estados Unidos (nunca en la historia había sucedido algo así). Esto desencadenó un gran cambio en la pendiente de la tendencia bajista que se fue configurando tímidamente durante la discusión del aumento del techo de la deuda en el congreso norteamericano.
Así pues, los inversores del mercado de valores se enfrentaron a un contexto en el cual previeron un aumento en la prima de riesgo del activo más seguro del mercado, como lo es el bono del tesoro norteamericano, conllevando a que el costo del capital de los demás activos del mercado de valores aumentara. Esto en si no representaría problema pues el costo de capital no es más que la rentabilidad mínima esperada que debe generar un activo financiero. Más adelante veremos donde se presenta el problema.
A su vez, el contexto también hacía prever una cesación de pagos de deuda de dos de las economías más fuertes de la eurozona como lo son Italia y España. Por tal motivo, la prima de riesgo de sus bonos de deuda aumentó considerablemente. Ahora bien, el problema acá no es tanto si Estados Unidos, Italia o España estén altamente endeudados, sino los pasos que tienen que realizar para disminuir tales déficit.
Hay que recordar que estos déficits aumentaron para impulsar el crecimiento económico de las economías desarrolladas golpeadas por la crisis de 2008. Por tal motivo, medidas que busquen reducir el gasto público se relacionan con una desaceleración y un retorno al punto de crisis.
En términos contables, lo que se le obligó hacer al ejecutivo norteamericano es lo que se conoce como traslado de quebrantos. Esto no es más que diferir a los siguientes años los déficits y lograr un flujo de caja que garantice cubrirlos. La medida dictada por el congreso norteamericano fue: menos gastos sobre el actual recaudo de impuestos.
Pero, ¿cómo disminuir el gasto público en economías que aún tienen bajas tasas de crecimiento? ¿Es bueno en este punto que los gobiernos ahorren?
Después de todo lo que generó la crisis de 2008 fue un coctel molotov en los Estados Unidos que combinó: gran ahorro colectivo (incentivos fiscales a las grandes corporaciones, gran acumulación de utilidades a costa de un bajo crecimiento salarial), y pobre regulación financiera en un contexto de tasas de interés cercanas a cero[1].
Dado todo este escenario, los inversores empezaron a visualizar que si se disminuye el gasto en una economía que aún no ha despegado por completo, entonces la tasa de desempleo va aumentar y por consecuencia se perjudicará el consumo, aumentando la desconfianza del sistema bancario, configurando así una caída de la demanda agregada (semejante a la cadena que originó la anterior crisis). Si esto pasa, entonces ya sea los flujos de ganancias o los dividendos esperados de las empresas que cotizan en bolsa se verán reducidos (pues bajaran sus ventas dentro de la economía) por lo que no lograrán compensar el costo de capital esperado que ahora se sitúa más alto.
Por consiguiente, los propietarios de los títulos valores buscaron desprenderse a como dé lugar de estos para “salvaguardar” rentabilidad, dirigiéndose hacía activos más seguros como los bonos del tesoro norteamericano (que aún conservan su grado de confianza psicológico) o más líquidos como el oro y las divisas. El resultado fue la disminución considerable de los precios de las acciones y por ende de los principales índices bursátiles.
Por otra parte, no hay que olvidar que estos mercados son especulativos, y todas estas circunstancias conllevan a devaluar más el dólar a nivel mundial (se desvaloriza frente a las otras monedas). Es bien sabido que el dólar es la unidad de referencia mundial (establecida después de la segunda guerra mundial) y por ello las reservas internacionales de los Estados se encuentran invertidos mayormente en dólares. Si este se devalúa, entonces las reservas disminuyen su valor al cambio. (Por eso China, el país con mayores reservas internacionales en dólares, las cuales las tiene invertidas en bonos del tesoro norteamericano, fue el principal crítico del conflicto político en los EEUU).
Si el dólar pierde una de las propiedades más importantes del dinero, como lo es la conservación del valor, entonces los inversores buscan invertir en patrones de referencia como el oro o la plata. Es por ello que ya desde hace un par de años se ha visto una gran valorización del oro.
Pero a su vez, si el dólar se devalúa, sirve de nicho de especulación para los inversores de forex. Los propietarios de dólares se ven beneficiados en la medida que se devalúe este con respecto al euro, al yen, y a las monedas de países emergentes en donde también encuentran rentabilidad por sus tasas de interés más elevadas (dado que la reserva federal anunció que iba a seguir manteniendo bajas las tasas de interés de referencia, y que iba a seguir respaldando al tesoro norteamericano con la compra de bonos de deuda al precio normal establecido).
En todo este punto, el comportamiento de los inversionistas confluye hacia una actividad especulativa de programación binaria pues hace parte de la misma receta utilizada siempre: se basa en temores de lo que puede suceder en un corto y mediano plazo, y no en análisis inteligentes del mercado. Los que hacen lo último son quienes están comprando títulos valores aprovechándose de la disminución de sus precios.
Ahora bien, si me preguntan, yo me ubicaría en el grupo de los análisis inteligentes: no creo que se vaya a presentar una situación similar a la del 2008. Puede que la economía se desacelere pero no de manera brusca. Y tal fenómeno será temporal, pues de todas estas situaciones el mundo aprende y a partir de ellas se presentan grandes expansiones. Después de un periodo de crisis viene uno de expansión.
En cuanto a lo que opino de lo que debería hacer el Estado norteamericano, quisiera con esto apoyarme en Marx y a Keynes para robustecer mi criterio (pues ya en los dos párrafos anteriores lo hice con Graham).
En términos generales, Marx argumentaba que se iba a llegar a un punto en el cual el afán por la riqueza de la clase capitalista, ante la creciente competencia, conllevaría a una mayor explotación de la clase proletaria y por ende a una revolución que llevaría a estos últimos a tomarse los medios de producción desarrollados. Como es obvio, este fenómeno económico se habría de dar de manera natural y habría de ocurrir solamente en los países desarrollados, pues su capacidad productiva garantizaría el abastecimiento por igual de todos los ciudadanos. Lastimosamente muchos países quisieron imponer este fenómeno a la fuerza sin aún tener desarrollada su capacidad productiva.
Afortunadamente para el sistema capitalista reinante, a comienzos de la primera mitad del siglo XX se presentó la segunda revolución industrial, en la cual hubo un matrimonio entre la ciencia y la producción, y en donde la productividad del trabajador empezó a ser premiada. A su vez las luchas sindicales lograron fortalecer las falencias que en el campo laboral presentaba el sistema.
No obstante, con el pasar de los años, el Estado norteamericano comenzó a favorecer con sus políticas la acumulación de capital por sobre la explotación de la productividad del trabajador. En si, como se vio anteriormente, esto fue lo que generó la crisis de 2008. Y así se reivindica Marx ya que estas situaciones conllevan a que se presenten grandes crisis en el sistema.
Ahora bien, tal como lo expuse en mi artículo de septiembre de 2010 (Salidas a la crisis estructural), el gasto es una herramienta fundamental para salir de las crisis económicas. Es un costo que un país debe asumir a costa de una mejor infraestructura económica a futuro que le permitirá cubrir tales déficits con creces. Keynes en pocas palabras hablaba de aumentar el gasto en sectores multiplicadores y jalonadores de los demás en la economía. Lamentablemente la mayor cuantía del gasto después de la crisis se destinó para aliviar al sistema financiero causante de la crisis, el cual no genera valor agregado y ante la desconfianza creada tampoco se anima a ayudar a reactivar la economía. Por tal motivo es que la recuperación económica ha sido lenta.
Fusionando conceptos, lo que opino es que se debe reorientar el gasto hacía el campo laboral. Por mis convicciones, que buscan atañerse al sentido común, creo que los norteamericanos se deben concentrar en emitir y reorientar el gasto en la creación de empleo (poner la política monetaria al servicio de la política fiscal) y en favorecer con sus políticas y macro-obras la existencia de un tope salarial de referencia más alto. Para ello, asimismo, deberían aumentar impuestos a la concentración del capital, y dejar de financiar tantos conflictos.
Que lo hagan, eso es otra cosa…
[1] Las entidades financieras concedían créditos a tutiplén a una clase media consumista que se iba quedando con un crecimiento salarial que no alcanzaría para compensar sus crecientes deudas (y un Estado que con sus políticas no incentivaba un salario acorde con la productividad laboral). Por las dinámicas del mercado, se fueron fijando aumentos en las tasas de interés para frenar este ímpetu consumista que llevó a aumentar los precios… finalmente pasó lo que tenía que pasar, la población de clase media dejó de pagar sus deudas más cuantiosas (entre esas las del orden hipotecario), llevando al deterioro de los activos de las empresas que esperaban esos pagos, y de los bancos que sirvieron como intermediarios… un efecto dominó con repercusiones en todos los lugares que poseen una alta correlación económica con los Estados Unidos.
Amigo libardo, muy interesante el artículo, ahora nos preguntamos que pasará con nuestro país, si se sabe que depende casi el 70% de estados unidos economicamente a raiz de este mediocre conflicto?...
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